Poema
Invencible
Zarpó creyéndose destino,
con los mástiles erguidos
como catedrales que desafían al viento.
Cada barco llevaba un sueño amarrado al casco,
un reino entero latiendo bajo cubierta,
y en los cañones no había pólvora
solamente había fe, orgullo, hambre de eternidad.
Pero el mar, viejo dios sin bandera,
se burló de los hombres y de sus imperios.
Deshiló las velas como quien rompe cartas de amor
y arrojó los galeones contra la noche. ¡Maldita noche!
Qué parecidos son los sueños a aquella Armada ¿verdad?,
parten invencibles hacia tierras imposibles,
conquistándolo todo en la imaginación
y naufragando, a veces, contra sí mismos.
Y es que hay derrotas
que no las firma el enemigo, sino el viento.
Y como tal, recuerdo es, historia imborrable,
viento, fuego, memoria del tiempo,
un susurro eterno… Invencible.
