Poema
Ciudad de humo y auroras
Ciudad de humo y auroras
La ciudad despierta cansada de sí misma,
sus venas son calles por donde sangra el ruido.
El tiempo, ladrón sin rostro,
roba segundos con manos de neón.
Camino entre sombras buscando mi luz,
un eco de fe perdida me sigue los pasos.
El viento me susurra verdades oxidadas,
y el cielo llora con lágrimas de alquitrán.
Pero entre tanto gris florece una voz:
“resiste”, dice, “sé fuego sin quemar,
sé calma violenta, raíz en el asfalto.”
Y entonces entiendo:
el alma también grafitea sus muros,
pintando esperanza donde antes hubo miedo.